Colectivo de Intervención Fotográfica

"Hay que pensar la crianza como un acto político y colectivo"
Camino al 8M / Agustina. Desmadre colectiva de maternidades feministas

La construcción del paro y la movilización del 8M es en sí mismo una hecho político y una forma de hacer política. Esa potencia que se desborda el 8 de marzo se cultiva en una militancia previa que construye y emerge simultáneamente en diversas ciudades del país partiendo de la urgencia de encontrarse. Asambleas entre amigas, compañeras de trabajo y del sindicato, de militancia, de movimientos sociales, de identidades no hegemónicas, centros de estudiantes y antiespecistas; se juntan para pensarse en esos espacios y elegir cómo quieren parar y marchar el próximo 8 de marzo. Y no piden permiso. Y quizás esa es una de las claves políticas de los feminismos: no se pide permiso porque es de todas, porque hay espacio para todas. Porque una parte de ésta forma de hacer política implica la multiplicidad, no centralizar ni la voz, ni las decisiones, ni los discursos. Rebelarnos fervientemente contra las formas y las jerarquías. Hacer lugar a los deseos, a como nos soñamos ese día y habilitarnos diferentes formas de poner las cuerpas en la calle: danza, música, pintura, disfraces, performances, pancartas colectivas, pañuelos. Pensar juntas que queremos decir y cómo. Nos propusimos contar esa construcción previa desde la trama que se teje entre las historias personales y los espacios colectivos.

Fotografías por rebelArte
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“Me llamo Agustina, tengo 31 años. Soy psicóloga, soy mamá. Soy mamá de Emi que tiene un año. Trabajo con niños, niñas y adolescentes en situación de vulneración de derechos y también con sus familias. Es raro, pienso en cómo presentarme y enseguida sale lo de ser mamá de Emi, aunque no es lo primero que digo, es una de las primeras cosas, porque es reciente y porque me tomo un poco de sorpresa, y a veces digo “claro, soy mamá de Emi”.

Me gusta mi trabajo, pese a que no es en sí mismo algo lindo, pero me parece que es importante y lo elijo. Formo parte de la colectiva Desmadre”.

El acercamiento a lo colectivo: la reproducción de la vida.

Hace unos años Agustina se acercó a la Coordinadora de Feminismos, fue de manera individual.

“Mi vida toda. La estructura, mi familia, ver a mi madre, ver a mi abuela. Hacer una lectura distinta de las cosas que siempre había visto como hija y como nieta que no me parecían justas. Eso sobretodo. Mi vida, encontrarme con una compañero, donde hay pila de cosas que están demás y cosas que no. Había cosas que se reproducian, y yo sentía que eso no estaba bien y me preguntaba por qué, por qué está pasando esto que yo decía que no me gustaba de mi casa. No tenía una explicación del por qué, pero sucedía.

Estaba estudiando en facultad y me encontraba pensando qué cosas había en casa, que habíamos comido el día anterior, cuanta plata teníamos y que podía comprar de camino para cocinar. Y cuando llegaba mi compañero no había pensado en nada de todo eso y me venía una furia... La tarea de pensar, de planificar toda la vida doméstica, es agotadora. Y no sabía cómo modificar esa situación y del otro lado tenía un compañero a quien no le habían enseñando a hacerse cargo de muchas cosas, y sin embargo a mi me habían seteado para eso.

Vi a mi mamá y a mi abuela depender económicamente de varones y yo no quería eso. Mi madre en un momento empezó a estudiar y trabajar fuera de casa y yo me daba cuenta de que la situación anterior no se había modificado, porque que ahora trabajaba también fuera de casa y seguía haciéndose cargo de todo.

De alguna manera buscaba pensar sobre eso y encontrarme con otras mujeres que también quisieran pensarlo, esas mismas cosas u otras. Yo desconocía la existencia de grupos de mujeres feministas e incluso la existencia de diferentes maneras de entender esos feminismos y me encontré tomando mate en rodeada de esas mujeres, con quienes me sentía cómoda y donde quería ir para escuchar escuchar. Muchas veces le encontraba sentido a cosas que quizás racionalmente todavía no comprendía.

Después empecé a estudiar de nuevo, quedé embarazada y estaba agotada: del trabajo, el estudio y del embarazo. Tenía sueño y ganas de estar en mi casa. Entonces dejé de ir no sabía cómo buscarle la vuelta para no perder esos espacios. En un Meneo Disidente me encontré con varias compañeras, yo ahí estaba con panza y me cuentan que había un grupo de compañeras que eran madres que se juntaban los sábados. Me costó mucho empezar a ir, me daba vergüenza y no caía en que iba a ser mamá”.

Historias de la infancia: Escapar del jardincito vallado y bañarse en los charcos.

“Cuando era chica y nos daban el carné a fin de año, mis padres nos llevaban a la librería y nos dejaban elegir un libro. Una vez elegí uno que fue mi libro favorito. De grande lo encontré en la casa de mamá y lo volví a leer y le encontré otro sentido. Investigue a las autoras y una de ellas hacía textos escolares sobre género.

Es una elefanta que se llama Margarita que vive en una manada en donde las elefantas tenían unas cosas que hacer y los elefantes otras. Las elefantas tenían que estar encerradas en un jardín donde debían comer determinadas flores para hacerse rosadas y usaban unas ropitas rosadas. Y Margarita comia, comia y comia, pero no se hacía rosada. Y la rezongaban, le decían que tenía que esforzarse más. Y todas las elefantas eran hermosamente rosadas. Un día se enoja y dice “yo me voy de acá”. Se saca la ropa, salta la valla del jardín y se va a los lugares donde los varones podían estar: rodar por el bosque, comer frutas, bañarse en los charcos. Después de estar muy enojadas todas las elefantas deciden salir del jardín y empiezan a ser grises. Y termina siendo una manada de elefantes y elefantas grises donde todes hacen lo que quieren”.

Maternidad como experiencia

“Yo decidí continuar mi embarazo, de todas maneras no fue originalmente algo que había planificado para ese momento. Se suponía que no podía tener hijos de manera no asistida, pero sucedió. Quería seguir haciendo un montón de cosas, incluso en relación al trabajado y estaba haciendo un posgrado. Estar embarazada, elegirlo, significó de todas maneras un duelo. Aunque estuve rodeada de mucho amor. Pero también tenía muchos miedos. Esta frase de “tu cuerpo es un campo de batalla” yo lo sentí en su plenitud durante mi embarazo. Fue un momento de mucha claridad respecto a la cantidad de poderes que se ejercen sobre nuestro cuerpo. Uno de ellos es el poder médico. Yo sentía que tenía que ir a dar una batalla. Tenía que estar bien acompañada porque yo iba a estar en otra cosa.

Hay muchas cosas para las que no estamos preparadas, cosas que no nos enseñan o no nos cuentan. La sociedad básicamente nos dice que tenemos que cumplir el “mandato de la maternidad”, nada más. Eso es lo que espera de nosotras.

Particularmente durante el embarazo y después cuando “somos madres”, recibimos un sin fin de opiniones de cómo deberíamos hacer las cosas. A mi ahora me pasa con el cuerpo, mi cuerpo cambió, es diferente y tengo que habitarlo, y muchas veces me cuesta aceptarlo.

Maternidad feminista: pensarnos y criar colectivamente.

“Cuando quedé embarazada lo primero que pensé fue “no, esto es lo peor que me puede pasar porque esto es lo que han utilizado a lo largo de la historia para oprimirnos. Dije acá perdí”. Cuando me encontré con las compañeras ese era un poco el sentimiento de todas, pensar, sentir y vivir la maternidad desde un lugar diferente al que exigen de nosotras. Poder encontrar diferentes caminos.

Hacer algo en colectivo en relación a criar fue muy importante. Encontrarme con otras mujeres que también están pensando esto. Compartir lo que sentimos, cuando estamos cansadas, cuando eso igual lo disfrutamos y también cuando nos enoja. Compartir sobre cómo nos sentimos respecto al sexo, el deseo, el placer en este momento de la maternidad. Romper con los mandatos, durante mucho tiempo yo sentía que tenía que poder con todo: la maternidad, ser exitosa en el trabajo, no dejar de salir, etcétera.

Muchísimos espacios no están pensados para que estés con un bebé ahí, por la disposición de los mismos, por los horarios, etcétera.

Pensar juntas cómo le puedo explicar a mi hijo algunas cosas que me gustaría enseñarle. Eso que a veces se siente tan dificil cuando esta en mi mente, cuando lo comparto con lo pensamos juntas, le buscamos la vuelta. De qué forma le voy a explicar a Emi que hay mujeres con vagina y mujeres con pene y que hay hombres con pene y hombres con vagina. Y el circulo de crianza es mucho más que mi compañero y yo. Nosotros podemos hacer acuerdo, pero están sus abuelos y abuelas por ejemplo y es necesario conversar eso. A veces la preocupación es colectiva y a veces no, pero eso no importa. Hay que pensar la crianza como un acto político y colectivo.

Me di cuenta de que no podía hacerlo sola porque no me quería quedar sola cuando mi compañero se iba trabajar. En general venía una amiga y tomábamos mate. Al principio me sentía culpable porque no me quería quedar con él sola, pero nos educaron en un modelo donde la familia es la que vive dentro de estas paredes y la crianza corresponde solo a la madre y el padre. Y yo necesitaba más personas cerca mío y también cerca de Emi.

Cuando volví a trabajar fue necesario buscar a una persona que cuidara a Emi. Eso me generó muchas contradicciones también, porque yo me voy a trabajar y viene otra mujer a cuidarlo. Me pregunto cómo siento esto, que puedo hacer para que su trabajo no sea precario, porque como es una tarea de cuidados es un trabajo que no se reconoce como tal y cuando es asalariado como en este caso, hay derechos que no se reconocen”.

Camino al 8M: Armemos un desmadre.

“Para nosotras como colectiva es importante. Venimos juntas hace un tiempo, hace poquito decidimos nombrarnos y elegimos llamarnos Desmadre colectiva de maternidades feministas. Es lindo esto de nombrarse, en uno de los últimos encuentros del 2018 nos dedicamos a eso, y una compañera puso sobre la mesa esto de “desmadre” en relación al desbordar, a salirnos del cauce que ya viene armado.

Queremos invitar a otras. Cuando quedé embarazada pensaba que no podía ser feminista y ser mamá. Me sentía así y quizás somos varias las que sentimos en algún momento, o siguen sintiendo, eso como una contradicción. Siempre nos dijeron que hay una manera de vivir la maternidad y poder experimentar juntas otras formas es la idea. Pensar juntas otras maneras. Hacerlo colectivamente. Creo que tenemos que dejar de pensar en términos de madre y padre exclusivamente. No me cuesta el vínculo con Emi, pero si me pasaba que el término “madre” me representaba cosas que no iban muy de la mano de ese vínculo que poco a poco voy construyendo con él. Es necesario empezar a transitar un camino que nos permita resignificarlo para sentirnos cómodas y disfrutarlo. Yo sigo sintiendo muchas contradicciones, hay muchas cosas con las que no me siento cómoda.

Estamos convocando a una asamblea abierta antes de la marcha, a las 16 horas en Plaza Libertad, para conversar juntas sobre maternidades, feminismos y luchas colectivas, compartir preguntas, reflexiones y experiencias y que se puedan sumar todas las que quieran”.

Publicado el 10 de marzo de 2019
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