En tiempos de pandemia y miedo, nos organizamos, nos cuidamos.
Otros contagios / 4

Ahora que no vemos los precios de las cosas y podemos inventarlos, yo digo que la espesa salsa desparramándose por las calles de todo el barrio debiera ser gratis.

Fotografías por rebelArte
Licencia: Creative Commons

Compartimos el registro de algunas ollas populares, acopio y reparto de donaciones y viandas realizadas durante la semana pasada organizadas por vecinxs de barrio Aguada, Núcleo zonal Aguada del PIT CNT y vecinxs de Sayago junto al Club Sayago.

El jacarandá olvidado acaricia las cabezas de mis hermanxs. En una fila casi ordenada, la gravedad empuja sus ojos clavándolos en los pies. Grises, el otoño y la campera esperan su turno. En el fondo, se oye un grito, una lata corta el nylon que apresa al cartón; el cartón abraza la lata que oprimía al nylon, y todo lo encerrado se libera y rueda hasta los pies del que revuelve la olla mediana. Las cosas se amontonan, la gente no se apila. La abundancia se esparce y se reparte entre corazones. Encima de un colchón de arroz de a quilo, la harina y el aceite se amasan y ruedan hasta caer dentro de la jane, que les devuelve una mirada de reojo, cansada de guerras. Corroyendo la confianza, limpia sin parar las huellas de lo humano, desinfecta el tacto, se pone entre cosa y cosa, se entrepone en todo. Sobre puritas cañuelas y desde el fondo del emigrante, las arvejas aplastadas torpemente piden paso, llegan a una esquina en la mesada y se ordenan prolijas, disimulan los abolles y se disponen alertas. El piso está en bajada. Mientras calculo cuántas baldosas equivalen a un metro ya es tarde, no puede alejarse unx, no puede un brazo amputarse ni un hombro torcerse a tiempo. Desde el centro de un círculo de tiza imaginario, saludamos a la periferia, lo desconocido. Ojalá no llueva. El tapabocas se va a mojar, te lo dije hoy temprano. La saliva diminuta va a quedar en la cuchara, y para comer hay que llevar la cuchara a la cara. Una comida como la gente, y para ser gente hay que dar un paso al costado de la cama, pegar un salto para entrar en la calle apestada y poner en peligro a la persona que amás. Quién va a medir el recipiente de la familia, el volumen del cucharón, quién va a poner la marca entre nosotros, el “no pasarás”, a qué precio. Sello rojo color banana cuidando el guante que quedó sin par cuando hirvió la olla más grande. Ya se huele desde lejos el pimentón espumante delicioso, pocas veces lo más rico es para todxs. La cosa que se come puede desbordar, salir corriendo. La cosa que se come puede comer a otra. Si la cosa más fuerte se vuelve imperecedera, entonces todas las otras cosas serán comidas, como samán al chef. Ahora que no vemos los precios de las cosas y podemos inventarlos, yo digo que la espesa salsa desparramándose por las calles de todo el barrio debiera ser gratis. Cuando esto termine no, cuando esto empiece, ¿a qué distancia vamos a estar lxs unxs de lxs otrxs?

Texto por: Carolina Silveira y Salvador García

Publicado el 30 de abril de 2020
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